domingo, 1 de junio de 2014

Es Patagonia


Con toda la contentura que implica, volví a exponer en Pensamientos Oxymorón organizada por Eliana Bustos, una exposición de arte que quiero mucho porque destrabó en mí situaciones estancadas relacionadas a mi vocación. A partir de exponer el año pasado mi queridísimo poema "Llevarte hasta el final", se me abrieron puertas para mostrar lo que hago en otros lugares y una cosa llevó a la otra hasta estar hoy en un lugar más firme y convencido de lo que quiero y digo. El tema de esta vez fueron Los Derechos Humanos, tema amplísimo, por cierto; pero después de pensar bastante sobre lo que quería decir, me di cuenta que nada mejor que escribir un texto auto-referencial, algo que hable de mí, de mi experiencia en la Patagonia en mi despertar sexual, de mi adolescencia, de la persecución, del entorno, del frío, del vértigo. El escenario actual en Argentina es mucho más propicio y alentador respecto a hace 20 años atrás: las leyes de Matrimonio Igualitario y la de Identidad de Género son más que elocuentes para vivir en un país justo e inclusivo. Pero este texto, puntualmente, habla de aquel tiempo y lo relaciono con el poco respeto a mis derechos como persona.



ES PATAGONIA

Es sur, pampa, tierra y viento.
Es Patagonia, estepa y malos recuerdos.
Es un pueblo, pocas vidas, mucho guiso y nada de sal.
Hay una casa de techo verde conservante.
Hay cuatro habitaciones, dos patrones, cinco hijos y un mal.
Poca mujer para tanto taco. 
Mucho rumor no contado. 
Mucho labial rojo incierto.
No es fácil apagar el brillo y menos fácil es esconder remeras con breteles.
El varón, la ilusión machona del macho mayor.
El varón, la proliferación de la historia para la hembra madre.
El varón, la protección divina para esas cristalizadas vidas de hermanas.
El varón, la tierra, la lluvia, el barro y el golpe de puño para otro varón familiar.
En una noche sin nubes y estrellas vidriosas, una verdad se escupe diente afuera.
El mal intenta imponer su bien. 
El mal impuesto quiere dejar de serlo.
¿Qué tan malo puede ser algo que te toca sin elegir? 
De poder elegir, el sufrimiento es lo primero que se descarta.
La verdad empuja más que un machito en el canal de parto.
La verdad odia vivir sola adentro de alguien.
Pasa un remolino de arena y piedras de punta.
El frío es tanto que cae arriba de las casas como baldazos de salmones muertos.
El aire es pesado, la calefacción amenaza con dejar de andar.
Si se consigue esquivar tanto obstáculo, quizás algún día se pueda contar.
Qué extraño es todo ahora afuera.
Qué diferente se ve el barrio, las calles, los canteros. ¿Qué es lo diferente?
Los vecinos hablan como siempre pero suenan distintos.
Murmuran lo que escuchan y expanden rumores como plagas pandémicas.
La pandemia más visible es la infección de las bocas llenas de burbujas que encierran dolores ajenos a punto de explotar.
Es Patagonia, estepa y malos recuerdos.
Agarrar la costa del río y esquivar árboles para escapar.
Encontrar en pozos de pasto podrido un refugio para pensar, silencio para llorar, aire para seguir, tierra firme para entender.
En la plaza del centro, tres pares de ojos emanan una única identidad imantada.
La identificación, la atracción, la reconciliación, el abrazo y el sentimiento de una unión perpetua custodiada por barrotes que nadie puede ya disimular.
Ahora son más, no los une la sangre, ni el pasado, ni el presente.
Disfrutan pero más se defienden. Duermen de día y amanecen de noche.
Son dueños de las rutas escarchadas y conocen los sabores de lo marginal, lo enorme de ser una minoría, lo intenso de ser unos rezagados.
Enfrentan el mundo entre las risas y los golpes, entre la música y la huida, entre agresiones desmedidas y cadera, mucha cadera.
Resbalan y caen con la cara que revienta contra el asfalto y que ni así logra ganar.
Crecer perdidos en el tiempo pero sin dejar que el tiempo se los devore y ni tampoco el juicio eterno del que cómodo usa el índice para el estigma fácil.
Allá, en el sur, en esa Patagonia fría y solitaria, también algunos están sin derechos y hoy se cuenta, habla, nace y se despliega entre todos para enterrar en el cementerio del pueblo el pasado que pesa y siempre quiere volver a nacer.
Qué bueno es poder contarlo. Qué sano es hablar. Qué mágico es parecerse a uno mismo. Qué poco daño causan los motivos justos.
Una identidad sexual, individual e intransferible, nunca puede ser motivo de desgracias ajenas. ¡NUNCA!

González Robles.-

31 de mayo de 2014