martes, 17 de noviembre de 2015
Cuando
martes, 13 de octubre de 2015
Lo peor
Con el suelo, hacia el suelo, para el suelo.
El amor nos arrastra.
Nos condena.
Nos hace renacer sin morir.
Quiero estar cerca tuyo.
Quiero besarte la cara.
Quiero robarte la respiración.
Quiero robarte la razón.
Ojalá después de esto no seamos nada.
Afuera la gente reclama dolor.
Adentro nosotros pegamos los pechos.
Amor de hombre.
Amor con calor.
Dejemos que suceda lo peor.
Martín G.R.
domingo, 20 de septiembre de 2015
El sueño de llegar
Pensar en la posibilidad de un sueño hecho realidad da miedo, el miedo a que deje de ser un sueño y la ilusión de un sueño es un lugar de fantasía maravilloso del que claro, nadie se quiere perder.
Pero hay algo natural e inevitable, algo que no podemos esquivar y es hacerlos realidad. La realidad de un sueño implica un cambio en la conciencia y la llegada de una nostalgia vulnerable por haberlo concretado.
Pero cada uno tiene que hacerse cargo de soñar y de dejar de soñar.
Crecer es ir dejando sueños viejos para ir avanzando con los nuevos.
El ciclo de un sueño duele pero más enamora.
El alma agradecida.
El corazón da su máximo.
El cuerpo banca y soporta.
El sol ilumina y bendice.
La cara es el colchón de las emociones.
Y nosotros apenas unos siervos de nuestros deseos.
Playa de la Concha, San Sebastián, País Vasco, España
Martín González Robles.-
España, agosto de 2015
martes, 14 de julio de 2015
El Subte, la ciudad
Nadie sabe cómo llegaron debajo de la tierra; nadie los vio entrar. Son el misterio urbano más grande que jamás nadie pudo develar.
Sus túneles son capaces de soportar el peso de una ciudad. ¿Alguien sabe cuánto pesa una ciudad? Bueno, porque los túneles del Subte sí lo saben.
Arriba de ellos está la vida de los que en superficie matan por complacerse, y eso pesa, pesa mucho. Los túneles del Subte son las espaldas de una ciudad.
Ahí abajo no hay luz natural pero sí energía, mucha energía, demsasiada.
Los Subtes, con esos ojos grandes iluminados, ven lo que se ve y también lo que no. ¿Hay más cosas que se ven de las que no se ven? Claramente es al revés.
Lo que sí se ve: gente, niños, locos, cuerdos, embarazadas, pobres, ricos, gordos y flacos.
Lo que no se ve: muertos que protegen a sus vivos como guardianes, llantos sin sonido, voces calladas, la historia que murió o al menos eso parece, olvido y misterio.
Está lleno de señales que nos marcan cómo llegar. Llegar a un lugar es el objetivo universal más perseguido y el Subte, con lo que es y con lo que no, es un aliado para alcanzarlo.
Sus túneles son capaces de soportar el peso de una ciudad. ¿Alguien sabe cuánto pesa una ciudad? Bueno, porque los túneles del Subte sí lo saben.
Arriba de ellos está la vida de los que en superficie matan por complacerse, y eso pesa, pesa mucho. Los túneles del Subte son las espaldas de una ciudad.
Ahí abajo no hay luz natural pero sí energía, mucha energía, demsasiada.
Los Subtes, con esos ojos grandes iluminados, ven lo que se ve y también lo que no. ¿Hay más cosas que se ven de las que no se ven? Claramente es al revés.
Lo que sí se ve: gente, niños, locos, cuerdos, embarazadas, pobres, ricos, gordos y flacos.
Lo que no se ve: muertos que protegen a sus vivos como guardianes, llantos sin sonido, voces calladas, la historia que murió o al menos eso parece, olvido y misterio.
Está lleno de señales que nos marcan cómo llegar. Llegar a un lugar es el objetivo universal más perseguido y el Subte, con lo que es y con lo que no, es un aliado para alcanzarlo.
González Robles.-
14 de julio de 2015
lunes, 4 de mayo de 2015
¿Quién seré?
Hay momentos en los que la existencia me parece enormemente insoportable. No sé cómo hacen algunos para no hacerse problema al menos una vez por día sobre qué carajo nos pasa y qué mierda nos pasará.
A mí me pasa en el baño, cuando siento placeres físicos que parecen eternos y de eterno solo tengo el cielo, de hecho, el inodoro es más eterno que yo.
Más eterno, menos eterno. Seguro que lo eterno para vos no es lo mismo que para mí porque ni vos ni yo somos eternos, a no ser lo que sentimos… y hacemos.
Puedo jugar con la medición del para siempre si total, ¡soy tan racional! que por una vez por día que sea estúpido nadie va a morir, el mundo no va a encender el fósforo de su núcleo para enardecer por todas sus capas hasta llegar a la superficie, el lugar donde estamos y creemos que somos felices, para que al achicharrarnos apenas tengamos un momento de pensar que a la existencia no estaba mal pensarla como insoportable.
¿Podré usar la razón al ser partícula de partícula? ¿Seré partícula? ¿Seré aire fresco y liviano? ¿Acaso seré humo luchando por no disiparme? ¿Seré yo o seré vos?
Lo realmente irreal es ahora, es lo que veo y toco. Lo que pasa puertas adentro y ventanas afuera, lo que consumo y digiero, como el amor que muta hasta parecerse a un monstruo rojo con pelos en la boca y olor a olvido.
Festejemos que somos dueños, dueños de la conciencia y vamos a cualquier juicio cuando quieren desterrarnos.
Festejemos que podemos brindar con vasos llenos de ilusión y sentarnos a escribir historias que sí tienen el coraje de ser eternas.
Festejemos esos tactos carnales que nos encierran en un túnel sin razón para llegar al infinito y volver sin culpas.
Festejemos que nos cruzamos porque seguro no sucederá jamás, como no sucederá tampoco que llore en tus hombros lágrimas de fuego que no queman.
Festejar es festejar, no hay nada que nos haga sentir mejor.
Si no sé qué seré, ojalá sea el silbido del viento que pase por tus oídos y te cuenten de mí.
PH: Tamara Duca
González Robles.-
30/04/2015
miércoles, 11 de marzo de 2015
Llamame
Llamame apenas sepas algo de lo que espero, como espero tu llamado, como te espero a vos, a lo que tenés para decirme, a todo lo que te implica y nos rodea.
Llamame, no me dejes solo en medio de tantos. Voy a estar esperando que el teléfono suene como si esperara un atardecer después de quedar en vernos a las 6 en un muelle a la vera de algún mar al que seguro llegaría a las 3.
Te quiero, no te olvides.
Me cansé de creer en la telepatía. Quiero que me llames, que me des una señal. Ya no quiero saber de vos por esas sombras que se cruzan desde el baño a la habitación acompañadas de una brisa fría en pleno verano.
Llamame, te espero, te espero siempre. Llamame y cortame, no me hables si no querés, pero llamame y celebremos juntos el amor que nos tenemos desde antes de la eternidad y mucho más aún después.
Si yo supiera a dónde llamarte... pero de vos ya no sé más nada desde que te di el último beso.
Llamame, por favor te lo ruego.
Llamame, no me dejes solo en medio de tantos. Voy a estar esperando que el teléfono suene como si esperara un atardecer después de quedar en vernos a las 6 en un muelle a la vera de algún mar al que seguro llegaría a las 3.
Te quiero, no te olvides.
Me cansé de creer en la telepatía. Quiero que me llames, que me des una señal. Ya no quiero saber de vos por esas sombras que se cruzan desde el baño a la habitación acompañadas de una brisa fría en pleno verano.
Llamame, te espero, te espero siempre. Llamame y cortame, no me hables si no querés, pero llamame y celebremos juntos el amor que nos tenemos desde antes de la eternidad y mucho más aún después.
Si yo supiera a dónde llamarte... pero de vos ya no sé más nada desde que te di el último beso.
Llamame, por favor te lo ruego.
martes, 16 de septiembre de 2014
Una mentira, muchas verdades.
Hay verdades que mienten y mentiras que dicen verdades.
No para todos es real la realidad que ve uno, que intenta pasarla, transferirla, que fracasa en el camino, el uno que no acepta que el otro ve otra cosa, que sus valores le dicen que es mentira y eso genera una traición a base de un sentimiento de amor por una relación que nació con las cosas bien claras.
Confunde el sentimiento perverso del choque de verdades que llegan en forma de mentiras, que estallan por el aire y que se hacen cristales invisibles, imperceptibles, que se respiran por una nariz noble hasta llegar a pulmones inocentes para exhalar un aire corrompido, manoseado, envenenado.
No se trata de bien o mal enseñados, se trata de la construcción personal sobre la que apoyamos la información que recibimos y de cómo la devolvemos al universo.
La información nunca estuvo lejos nuestro, el problema es su de-codificación.
Pasa con las verdades, con las mentiras y con todo lo absoluto.
Un día bien, otro mal. Dos semanas bien, dos semanas mal. Un año bien, un año pésimo.
¿Y el desgaste por el roce de las emociones con el asfalto?
¿Dónde guardo la fe en vos?
PH: Gastón Pontarolo
González Robles.-
domingo, 1 de junio de 2014
Es Patagonia
ES PATAGONIA
Es sur, pampa, tierra y viento.
Es Patagonia, estepa y malos recuerdos.
Es un pueblo, pocas vidas, mucho guiso y nada de sal.
Hay una casa de techo verde conservante.
Hay cuatro habitaciones, dos patrones, cinco hijos y un mal.
Poca mujer para tanto taco.
Mucho rumor no contado.
Mucho
labial rojo incierto.
No es fácil apagar el brillo y menos fácil es esconder
remeras con breteles.
El varón, la ilusión machona del macho mayor.
El varón, la proliferación de la historia para la hembra
madre.
El varón, la protección divina para esas cristalizadas vidas
de hermanas.
El varón, la tierra, la lluvia, el barro y el golpe de puño
para otro varón familiar.
En una noche sin nubes y estrellas vidriosas, una verdad se
escupe diente afuera.
El mal intenta imponer su bien.
El mal impuesto quiere dejar
de serlo.
¿Qué tan malo puede ser algo que te toca sin elegir?
La verdad empuja más que un machito en el canal de parto.
La
verdad odia vivir sola adentro de alguien.
Pasa un remolino de arena con piedras de punta y se pierde detrás de una meseta chata, como el pueblo.
El frío es tanto que cae arriba de las casas como baldazos
de salmones muertos.
El aire es pesado, la calefacción amenaza con dejar de
funcionar.
Si se consigue esquivar tanto obstáculo, quizás algún día se
pueda contar.
Qué extraño es todo ahora afuera.
Qué diferente se ve el barrio, las calles, los canteros.
¿Qué es lo diferente?
Los vecinos hablan como siempre, pero suenan distintos.
Murmuran lo que escuchan y expanden rumores como plagas pandémicas.
La pandemia más visible es la infección de las bocas, llenas
de burbujas, que encierran dolores ajenos a punto de explotar.
Es Patagonia, estepa y malos recuerdos.
Agarrar la costa del río y esquivar árboles para escapar.
Encontrar en pozos de pasto podrido un refugio para pensar,
silencio para llorar, aire para seguir, tierra firme para entender.
En la plaza del centro, tres pares de ojos emanan una única identidad
imantada.
La identificación, la atracción, la reconciliación, el
abrazo y el sentimiento de una unión perpetua custodiada por barrotes que nadie
puede ya disimular.
Ahora son más, no los une la sangre, ni el pasado, ni el
presente.
Disfrutan, pero más se defienden.
Duermen de día y amanecen
de noche.
Son dueños de las rutas escarchadas y conocen los sabores de
lo marginal, lo enorme de ser una minoría, lo intenso de ser unos rezagados.
Enfrentan el mundo entre las risas y los golpes, entre la
música y la huida, entre agresiones desmedidas y cadera, mucha cadera.
Resbalan y caen con la cara que revienta contra un asfalto de hielo y
que ni así logra ganarles.
Crecer perdidos en el tiempo, pero sin dejar que el tiempo se
los devore y ni tampoco el juicio eterno del que cómodo usa el dedo índice para el
estigma fácil.
Allá, en el sur, en esa Patagonia fría y solitaria, hubo un pasado sin derechos y hoy se cuenta, habla, nace y se despliega para después enterrarlo en el cementerio del pueblo.
Es el pasado que pesa y siempre
quiere volver a nacer.
Qué bueno es poder contarlo.
Qué sano es hablar.
Qué mágico
es parecerse a uno mismo.
Qué poco daño causan los motivos justos.
Una identidad sexual, individual e intransferible, nunca
puede ser motivo de desgracias ajenas.
Martín González Robles.-
31 de mayo de 2014
martes, 6 de mayo de 2014
Algo va a pasar
Hay veces que me miro en el espejo y me veo en la piel el color de la muerte. Un color más ácido que cremoso, más gastado que amarillo, más opaco que iluminado. Los labios partidos y los dientes duros. Solo falta lo tieso y lo rígido pero eso ya es parte del sentir.
La meritoria suerte de morir puede darse en la cara en momentos donde otra cosa importa y es prioridad divina. Tampoco se puede negar que un pensamiento mortuorio es el desencadenante de la visión futura de una piel pálida ya muerta y en su mortaja final en pleno latir de sangre hirviendo y con la estupenda posibilidad de poder hacer brotar líquidos del cuerpo.
Me pasó cerca, me tocó, me olió y la olí, la toqué y toda la fama de fría es cierta. Morir en invierno es como morir dos veces.
Una imagen que no quiero ver y la veo, la provoco, juego con lo que no deseo para ver qué tanto deseo. Me culpo por no querer ver algo que no debería darme nada al verla y sin embargo, es una pared que me tritura el tabique y me deshincha el orgullo por las cosas bien logradas en el día que vivo. La imagen me mira porque tiene ojos que pese a quietos y ya lejanos, nacieron y fueron parte de una vida en la que todavía estoy. Los ojos mueren primero.
Vivir me encuentra poderoso. Si pienso y tengo conciencia, puedo con todo. Vivir es la única forma de resguardarnos de la inminente desgracia. Vivir es negarse a todo, es resplandecer y contarlo. Es sentir y escribirlo. Vivir es la seguridad de morir con lo impune de quererlo todo.
Con lo que me pasa algo va a suceder. Un sentimiento hondo no puede no haber cavado un pozo en lo terrenal. Un amor no puede quedar en lo abstracto de un deseo sin tacto. Acá pasa y pasa tanto que no sé lo que pasa ni pasará; ¿o no quiero saber? Pasan cosas que duelen pero que sabemos que cerrarán. Vivir en etapas es una seguridad constante y eterna. El fragmento, la microhistoria, el deseo de lo urgente e inmediato, la cosa amarga de lo que no gusta nada.
Ojalá supiera en qué parte del recorrido estoy porque antes que inseguro, yo quiero estar. Hasta aburrirme de estar y no querer estar más. Pero para que eso pase, algo tiene que pasar y hasta ahora, no ha pasado más que algunas palabras tratando de cerrar una idea.
Algo va a pasar y será a todos.
González Robles.-
Seis de mayo de dos mil catorce.
sábado, 26 de abril de 2014
Ventanas de Buenos Aires
Esta serie de fotos nació así como de algo, no tengo en claro de qué, pero nació. Quizás la única fuente de inspiración haya sido mirar en detalle. Podría decir que el proceso fue: trabajar en Palermo, salir de la oficina a las seis de la tarde, empezar a observar el barrio, ver que había ventanas hermosas, algo antiguas y que todas (las cinco) tenían algo en común, una planta, una maceta, algo de vida entre la historia que solas describen y de la historia que yo creo de ellas.
Es verdad también que fueron pensadas para publicarlas en mi cuenta de Instagram algo retocadas para embellecerlas.
Acá, en mi blog, lo que quiero es darle algo más de sentido con pequeños poemas que las acompañe y tomen la forma final y definitiva.
VENTANAS DE BUENOS AIRES
El fin
Para mañana falta mucho.
Para amarte no tanto.
Dejame tranquilo que necesito pensar.
En vos y en todo el dolor.
Dejame tranquilo que necesito sentir.
Sentirte en nosotros y en lo que acaba de terminar.
Todo lo que te dije es verdad.
De todo lo que me dijiste, dejame elegir.
Llegó
La carne es total.
La espera fue menos grave.
La tragedia no fue tal.
Está en tus brazos.
La luz te ayuda, es tenue y complaciente.
Afuera es de día y los colores brillan.
No sufras, empezá a vivirlo.
Está en casa.
Respira y te necesita.
Sonríe y es tuyo.
Llamalo con un sinónimo de desahogo.
Dormí tranquila.
Descansen juntos.
Sabe a vino
Violáceo. Madera. Liviano.
Apenas empiece la semana, tendrás que irte.
Al volver, todo estará igual.
La cama será el refugio.
Besame apenas llegues.
Nuestros cuerpos sabrán a uva.
Las copas estarán limpias.
Toda la casa olerá a deseo.
¡Nos deseamos tanto!
No habrá nada que nos interrumpa.
Ojalá suceda.
Pasa
Voy a ser siempre todo lo simple que imaginé.
Lo estoy siendo al mirarme las manos.
Las historias pasaron pero aún me late.
Quizás vengan a verme, quizás ya no.
Lo que sí es cierto es que mientras pasa,
Los recuerdos nunca los voy a vender.
Te hablé sobre lo simple, te hablé de querer.
Hastío
Distinto pero parecido.
De ninguna manera.
Algunas cosas siempre serán igual.
¿Vos cómo estás?
Si no me querés contar, sabré entenderlo.
Las cosas se te van a acomodar.
El problema somos los demás.
Somos desconocidos con tintes de conocidos.
Que no me cuentes no significa que no lo imagine.
Sin contarme, me dejás sin opción.
Respiremos aire puro, bien puro.
Oxigenémonos, limpiémonos.
Vayamos a andar en bici.
Busquemos un halo de luz.
Tranquilo, sobre mí elijo yo.
Evadir es la última versión de vos mismo.
No hablar es un terreno complicado.
Te pido disculpas. Hoy soy un enorme hastío.
Martín González Robles.-
26 de abril de 2.014.
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