miércoles, 19 de marzo de 2014

Sentencia

Este poema lo escribí para el ciclo de arte que se hizo en Rockeala Bar invitado por Marilú Van Aken. Me gusta mucho esto de "escribir por encargo" que más bien tiene que ver con que exista un espacio donde pueda mostrarme y, a partir de ahí, saber que tengo la posibilidad de inspirarme con algo nuevo, algo que no exista, plantarme y leerlo. Pero lo que más me gusta es desarrollar mi oficio, el de escribir.

Con Marilú hablamos acerca de lo que ella quería contar o mostrar y lo primero que surgió fue que hable del arte. Hablar de arte puede ser tan general y tan misterioso como el arte mismo y, seguramente, no todas las palabras que existen pueden definir de un solo tirón el concepto. Sin embargo, ya la idea de hablar de arte fue para mí una fuente de inspiración.

Salió esta mezcla de sentires, muy a mi estilo, muy de hablar de todo y a la vez encontrarme con quienes me preguntan cómo es que hilé una idea con otra o qué tiene que ver una cosa con la otra o cómo hice para pasar de un tema al otro. Las respuestas están al final del poema, cuando todo el caudal de intenciones haya terminado de entrar por los ojos y a los sentimientos de las personas. Es ahí donde reside la magia y el misterio de la creación: en quedarte con lo que mejor te entre.


SENTENCIA

Hay una forma en el medio de muchas, de millones.
Hablar para contar y esperar que entre para sentir que sirvió.
Yo lo hago por mí y por vos, pero más por mí.
Desde mí hacia vos, desde vos hacia los demás y desde los demás vuelve a mí. Como un ciclo infinito pero con destino y final.
Puede pasar en casa, en la calle, en un teatro de butacas rojas aterciopeladas, bajo tierra, cielo arriba, en un bar, en una esquina, en la escuela, entre nosotros, en nuestra cama, en un beso y en un abrazo. 
Hablo de arte, del que te parte, del que te hace parte, del que no ha de atarte, del que quiere rozarte, del que vive y quiere expresarte, del que si no existiera, moriríamos de sed. 
El amor al arte es el menos infiel y con él no se amenaza, directamente se ataca. No tiene vuelta atrás porque todo sucede adelante. Y de frente.

Creo en las batalla de las palabras, en la sangre que corre entre los dedos de los que hablan y en no rendirse jamás.
Creo en los colores que expresan y mezclados hablan de nosotros.
Creo en los momentos captados por un ojo mecánico que pudo ver más allá porque más acá no había lugar para callar.
Creo en la combinación de sonidos finos, en el aterrizaje forzado y desmedido por un gusto que se nos parezca.
Creo en sentarme y verme hacia atrás, reconocerme y entenderme.
En verdad, creo en todo lo que se dice sin piedad y lo vuelve inmortal.

Para cada cosa su momento, para cada momento su forma, para cada forma su intención y el resultado de una intención, es un hecho.

Hay un mundo que puja hacia adentro. 
Hay almas y se cuentan de a millones.
Somos muchos pensando, sintiendo, elaborando y diciendo.
Demasiados para comer y sentarnos a una sola mesa.
Es necesario dividirnos y evadirnos, como también no irnos y decirnos.
Estar hoy, acá, esta noche, bajo este techo y tener sus sentidos puestos al servicio de un mensaje, es lo más parecido a un milagro.

Tengo un rol y quiero diseminarlo por sus manos, llegar hasta sus pechos, abrirlos y ver cómo les late, poner sus corazones en un hierro y correr para que flameen en toda la ciudad. Puedo hacerlo, solo tienen que esperar.
Esta es mi búsqueda, mi sentimiento más hermoso, el que mejor sé decir, el que mejor me sale.
Y eso que dicen que la única forma de volar es con alas.

Si tuviera que juzgarlos y dictar sentencia, yo los condenaría a un sentir eterno.

Lo escribo, me subo y lo leo

Martín González Robles.
Domingo 9 de marzo de 2014.

2 comentarios:

Edgardo Rey dijo...

muy profundo mar, me genero sensaciones encontradas, no las puedo explicar con palabras.

Pia Gonzalez dijo...

Todo lo que escribis es hermoso amor! Te amo